miércoles, 20 de enero de 2010

Murga Purga

De acuerdo con la nueva política de privacidad del bló, se ha procedido a la eliminación de algunos posteos y comentarios. Igualmente todo fue cuidadosamente guardado.
De la misma forma se tratará de bajar la frecuencia de actualización, así como la participación en blogs amigos.
Gracias,

Pura suerte, PS, Mati, o como quieran.

martes, 12 de enero de 2010

De cenizas, traidores, patria y humildes

Intentando bosquejar un poco las ideas, sumergiéndonos en el Ganges del oficio*.

Partamos de algo: la utilización en exceso de determinados conceptos termina por vaciarlos. La palabra que antes podía hacer la diferencia entre una opinión novedosa o másdelomismo, se vuelve de pronto una muletilla ya sin demasiado sentido.
Y seamos sinceros. Estamos hablando de política.
Entonces, ¿Quién puede ser tratado de traidor?. El traidor de moda es Martín Redrado, como antes había sido Cobos, como antes había sido Alberto Fernández, como antes Martín Lousteau, como tantos otros que ahora no recuerdo. Es realmente sorprendente la rapidez con la que un compañero se transforma en traidor. Bueno, de eso se trata. El problema es, en todo caso ¿se puede ser leal? ¿leal a qué? ¿Qué causa se está defendiendo? ¿Son realmente traidores los anteriormente señalados?
El arquetipo del traidor, al menos en nuestra cultura occidental es Judas, que traicionó a Jesús a cambio de 30 monedas de plata. Luego se arrepintió, arrojó las monedas en el Templo y según algunos evangelios se suicidó.
La primera traición que se comete, entonces, es a la propia conciencia. Es a la pertenencia al sentimiento común. ¿Existe algo de eso en la política argentina actual? De movida, resulta difícil creer un una épica nac&pop, luchando por "construir la patria de los humildes" contra el poder maligno de las corporaciones (que lo es, sí), cuando uno revisa los archivos y se encuentra a Kirchner haciendo lobby para privatizar YPF, o llegando al poder de la mano de Duhalde, o siendo culo y calzón con Clarín. Incluso la definición de kirchnerismo se vuelve confusa. ¿Qué aporte teórico han hecho Néstor y Cristina a la política? ¿Qué modo de construcción diferente plantearon? ¿Qué ideología poseen? Si hasta se aliaron con Cobos y bue...
(Hablando de traidores, Cobos merece una mención aparte: para mí no es un traidor. Es un simple rastrero, un trepador incapaz de construir poder de forma propia, y lo hace montándose en las estructuras que va encontrando, la UCR, los Kirchner, ¿cuánto tardará en traicionar a Clarín?)
Volvamos al tema principal. Ya que lo que tenía pensado en un principio de desvirtuó más de la cuenta, voy a tratar de resumir: no se puede, con tal de defender a Kirchner a toda costa, hablar de traiciones en la política argenta de nuestro tiempo. "Con Kirchner voy hasta el cementerio pero no hasta el cajón", dijo el intendente de mi pueblo durante el conflicto de la 125. Y supongo que es así, en la política actual movilizada por el propio interés y donde ya no es importante construir causas e ideas comunes, no hay que asombrarse cuando de a poco algunos comienzan a abandonar el barco del ¿proyecto?.
El papel de militancia no debería ser, en este contexto y a mi criterio, salir a defender cada acción de gobierno y el que salta no es un traidor sino que, si realmente se sienten parte del ¿proyecto? oficial, colocarse a la vanguardia de las políticas, exigirles siempre más.
Ok, sí, reconozcamos que Kirchner es lo más a la izquierda que puede por ahora permitirse la sociedad argentina. Pero no veo otra cosa más conservadora y menos progresista que resignarse al presente, como algo que no se puede modificar.
A esta altura de mi corta vida aún no me permito rifar mi ilusiones con un poder gubernamental, sólo porque sus ex socios y ahora férreos opositores me caen peor.
Y total, ¿si al final Kirchner no traicionó a Duhalde? ¿Con las cenizas de Néstor construiremos finalmente la patria de los humildes?

*Les Luthiers dixit

viernes, 8 de enero de 2010

Una pequeña historia de la vida cotidiana*

*guiño, guiño ;)

Bueno, esto que me pasó hace un par de semanas, me provocó, por lo menos a mí, risa e indignación simultáneamente y en proporciones similares. Espero que a ustedes también, aunque supongo que eso depende de mi capacidad para contar historias. Así que me esforzaré...
Sin más preámbulos, ahí va.

Resullllta que yo me encontraba en el shopping con las mujeres de mi familia, que a esa altura de vísperas de la Navidad, ya había mutado en una turba iracunda e insoportable, en una máquina de gastar dinero aprovechando los "descuentos" en la mayoría de los negocios. A falta de acompañante natural en este tipo de situaciones (mi viejo), puse mi mejor cara de nene fastidiado y le le dije a mi má:
_Máaaaa
_¿Qué?
_¿Me puedo ir a comprar un libro?
_Sisisisisisisi... (atendiendo a una consulta mucho más interesante, para ella, de mi hermana)

Huí de la tienda de accesorios y me interné en el Yenny. Las librerías/tiendas de discos constituyen para mí el escape perfecto: son lugares en donde uno puede perder la noción del tiempo, y encima con una excusa intelectual, buscando o fingiendo que busca "ése" libro, "ése" disco, en fin. Otro factor importante, sobre todo para éste Yenny en particular, es la música de fondo: es hipnótica y crea un clima perfecto, junto con el aire acondicionado.
Mientras escuchaba el Unplugged de Nirvana me dediqué a escrutar la estantería de libros de política y filosofía, previa gambeteada de pilas y pilas del nuevo libro de Majul. En realidad el libro que buscaba lo necesitaba para la facultá (La cuestión judía de Marx), pero no perdía la esperanza de llevarme otro, en su defecto.
(Aclaración: sí, todo es una enorrrme contradicción en sí misma. Que haya una librería en un shopping, que encima desee comprar en ella un libro de Marx para la facultad, aprovechando el descuento con la tarjeta de crédito. Que el "Alto Rosario" en realidad sea bajo. Todo esto haría estallar el "contradicciómetro" en mil pedazos cual Linguo o Sarcasm detector...)
Bueno, la cosa es que buscaba y buscaba: por título, por autor, arriba, abajo... y la Cuestión no aparecía. Mientras tanto encontraba varios libros interesantes, casi todos clásicos, de Nietzche, Sartre, algunos otros de Marx (por supuesto no leí a ninguno), incluso desperté mi impulso homicida leyendo varios fragmento de libros de Grondona y Fernando Iglesias... ¡pero yo quería La Cuestión Judía carajo!
Finalmente, cuando me cansé de no encontrar lo que buscaba, decidí ir por ayuda. La estantería de Política y Filosofía se encuentra en un pasillo angosto, por lo cual soporté en reiteradas oportunidades pedidos de permiso de empleados con cajas, ahora que se dignaran a atenderme. La charla con el El empleado peladito del Yenny se dio así:.

Yo: Disculpe...
Yo: ¿Le puedo consultar por un libro?
Eepdy: ¡Siiiiiiiiiiiii!
Yo: ¿Por qué habla así?
Eepdy: Sufrí una embooooliaaa

Al pedido de "La cuestión judía, de Marx", Eepdy tecleó en su computadora la búsqueda indicada. Aparecieron cuatro resultados, pero dos no eran autoría de Marx, así que quedamos con dos (una de ellas, agotada):

Eepdy: Una pregunta...
Yo: ¿Sí?
Eepdy: ¿De qué Marx lo querés?
Yo: wtf?
Eepdy: Sí, porque hay dos Marx, uno es Karl y el otro es Carlos... ¿Cual de los dos querés?
Yo: eeeee... (en ese momento mi asombro no fue capaz de articular una respuesta, pero Eepdy entendió "Karl")
Eepdy: Uhhh, del Marx que vos buscás está agotado, está Carlos... pero no son el mismo.
Yo: Ahhhh, bueno... Gracias, entonces.
Eepdy: No, de nada.

Aún con mi cara de "wtf?" enfilé hacia la puerta de salida. Había pasado como dos horas ahí adentro y me fui sin comprar nada, incluso cuando estaba dispuesto a hacerlo. Que sepa el Yenny del Alto que jamás voy a volver a hacer una compra ahí, sólamente lo voy a utilizar de refugio anti compras de madres+hermanas.

¡Aguante Ross!

(Actualización: las palabras o frases que aparecen subrayadas y de color azul son links, o sea, uno los clickea y aparece en otra página. ¿Entendieron, mis pequeños Rafitas Gorgorys?)

martes, 5 de enero de 2010

Personas y/o actitudes que merecen una muerte lenta y horrible I

  1. Clarín
  2. Los kirchneristas acríticos
  3. Los kirchneristas críticos
  4. Sabbatella hablando del espacio "nacionalpopulardemocráticoprogresistadecentroizquierda..."
  5. Los que van a los recitales con sus novias
  6. Mi hermana hablando con su novio por teléfono (y todas las personas que hablen teléfono con su pareja)
  7. Las familias enteras viajando en una sola moto
  8. Los que cantan "somo' argentino', somo' uruguayo', pero chilenos no" en los recitales de La Vela y NTVG.
  9. La pequeña Wendy y su familia
  10. Los comentaristas de Perfil.com
  11. Calamaro haciéndose el poronga por internet
  12. Sandro
  13. Arj*na
  14. Catalina Dlugui
  15. Los que ponen reguetón al mango con el celular en el colectivo
  16. El sudor ajeno en los recitales
  17. Las minas que laburan en "segundo piso, mesa de entradas" de la facu
  18. La fotocopiadora del centro de estudiantes y su ineficiencia comunista
  19. Las "parejitas perfectas"
  20. 678
  21. Los hinchas de ñuls y central y sus termeadas insoportables
  22. Los que no conocen la diferencia entre "hay", "ay" y "ahí"
  23. Los que preguntan dónde queda Colón Bs. As.
  24. Sheldon Wolin y su trabajo subliminal pro-sistema
  25. Platón

lunes, 4 de enero de 2010

\P/


Ayer bajé al Pireo, en compañía de Glaucón, hijo de Aristón, con el fin de elevar mis oraciones a la diosa y para ver cómo iban a realizar la fiesta, que celebraban por primera vez. Magnífica me pareció la ceremonia de los pireenses, pero no menos lucida fue la que hicieron los tracios. Después de orar y contemplar la procesión, emprendimos el regreso a la ciudad. Y habiéndonos visto desde lejos Polemarco, hijo de Céfalo, en camino a nuestra casa, ordenó a su esclavo que viniese corriendo hacia nosotros y nos rogara que lo esperásemos. El esclavo nos dio alcance y dijo, tomándome por el manto:

—Polemarco os suplica que lo esperéis.

Me volví entonces y le pregunté dónde estaba su amo.

—Viene hacia aquí —contestó.— Esperadlo un momento

—Muy bien, esperaremos —dijo Glaucón.

Y poco después llegaban Polemarco con el hermano de Glaucón, Adimanto, y Nicerato, hijo de Nicias, y algunos otros que volvían seguramente de la fiesta. Y Polemarco dijo:

—Me parece, Sócrates, que volvéis a la ciudad.

—No te engañas —contesté.

—¿Ves tú cuántos somos? —replicó.

—¿Cómo no he de verlo?

—Pues bien —dijo— , habéis de poder con nosotros, o quedaros aquí.

—¿Acaso no hay —respondí yo— otra disyuntiva, la de convenceros de que nos dejéis partir?

—¿Cómo podréis convencernos —replicó— si no estamos dispuestos a escucharos?

—De ninguna manera —dijo Glaucón.

—Pues bien, tened la seguridad de que no habremos de escucharos.

Y Adimanto intervino:

—¿Ignoráis que al atardecer se efectuará la carrera de antorchas, a caballo, en honor de la diosa?

—¿A caballo? —pregunté—. Eso es una novedad. ¿Irán los competidores a caballo y llevarán en la mano antorchas que se pasarán unos a otros con el fin de disputarse el premio?

—Sí —contestó Polemarco—. Y además habrá una fiesta nocturna que merecerá contemplarse. Saldremos después de la cena para verla y nos divertiremos con varios jóvenes a quienes encontraremos allí. Quedaos, pues, no os hagáis rogar más.

Entonces Glaucón dijo:

—Por lo visto, es preciso quedarse.

—Si así lo has dispuesto —dije—, habrá que obedeceros.

Fuimos pues a casa de Polemarco, donde encontramos a sus dos hermanos, Lisias y Eutidemo, y también al calcedonio Trasímaco, a Carmántides de Peania y a Clitofonte, hijo de Aristónimo. También estaba Céfalo, el padre de Polemarco, que me pareció bastante envejecido, pues hacía mucho tiempo que no lo veía. Estaba sentado en un taburete, sobre un cojín, y llevaba una corona, porque acababa de celebrar un sacrificio en el patio. Nos sentamos junto a él, en taburetes dispuestos en círculo. Tan pronto como me vio, Céfalo me saludó y dijo:

—No vienes con frecuencia al Pireo, Sócrates. Sin embargo, tus visitas nos serían gratas. Si yo tuviese fuerzas suficientes para ir a la ciudad, te ahorraría el trabajo de venir aquí, e iría yo mismo a buscarte. Pero ahora te corresponde venir más menudo. Has de saber que todos los días, a medida que los placeres del cuerpo disminuyen y me abandonan, hallo nuevos encantos en la conversación. Ten por mí, pues, esta condescendencia. Reúnete a estos jóvenes y ven a menudo a visitar a tus devotos amigos.

—También a mí, Céfalo —dije yo— me agrada conversar con los ancianos. Como ya se encuentran al final de un camino que a nosotros, probablemente, nos corresponda seguir un día, me parece natural obtener informes de ellos acerca de si la ruta es escarpada y penosa, o llana y cómoda. Y como tú estás ahora en esa edad que los poetas llaman "el umbral de la vejez", me será grato oír lo que me digas acerca de ella, si la consideras o no un período desgraciado de la vida.

—¡Por Zeus!, Sócrates —contestó—, te diré qué me parece. A menudo, según el antiguo proverbio, nos reunimos, algunos de la misma edad. Casi todo el tiempo que paso con ellos se va en quejas y lamentos. Recuerdan con tristeza los placeres del amor, de la bebida, de la mesa, y todos los demás de ese carácter de que disfrutaban en otra época. Se conduelen de hallarse privados de tan preciosos bienes, como si la vida que antes llevaban fuera feliz, y en la actualidad ya no vivieran. Algunos se quejan de las ofensas a que los expone la vejez, por parte de sus parientes, y no cesan de repetir los innumerables males que su avanzada edad les depara diariamente. A mi juicio, Sócrates, no señalan la verdadera causa de su mal; porque si ella fuere la vejez, yo y todos los que llegan a mi edad deberíamos sentir los mismos efectos. Además, he conocido a otros de una disposición muy diferente; y recuerdo que un día que me encontraba con el poeta Sófocles, alguien le preguntó: «¿Aún puedes, Sófocles, disfrutar los placeres del amor? ¿Todavía eres capaz de tener relaciones satisfactorias con una mujer?» Y él respondió: «Calla, buen hombre; siento la mayor satisfacción de haberme librado de él, como quien sacude el yugo de un amo apasionado y brutal.» Juzgué entonces que tenía razón al hablar de esta suerte, y el tiempo no ha modificado mi pensamiento. En efecto, la vejez es un estado de reposo y de libertad de los sentidos. Tan pronto como las pasiones se relajan y dejan de hacernos sentir su aguijón, lo dicho por Sófocles se comprueba plenamente: queda uno libre de múltiples y furiosos tiranos. Con respecto a estas quejas de los viejos y a sus pesares domésticos, no es en la vejez, Sócrates, sino en el carácter de los hombres donde debemos buscar la causa. Con costumbres apacibles y tranquilas encuentra uno llevadera la vejez. Con un carácter opuesto, la vejez y la juventud son igualmente difíciles"



A partir de hoy pagando las consecuencias de mi libertad en Teoría Política I.